lunes, 29 de marzo de 2010

Antes de ayer llegamos a hassi labied (un pueblo situado en el desierto) en coche, donde vimos gente pobre y sin nada, pero felices, amables y simpáticos, siempre saludándote.
Una vez llegamos, no pudimos hacer gran cosa aprate de cenar y dormir en un colchón en el suelo de una pequeña habitación, muy cómodo por cierto. Cuando nos despertamos, ya estaba el desayuno listo, no tan lujoso como el del hotel, pero si igual o incluso más bueno. Cuanto más tiempo estábamos con esa familia, nos sentíamos más unidos, era una familia super amable que nos contában en si su vida, pero una vida interesante como que había una catalana, de Barcelona, ya que se había casado con un hombre de la familia, nos eseñaban palabras en bere-bere como tanimir, gracias, salamarecum/malecum salam, hola/respuesta... También hemos descubierto sus baños, un agujero, lo peor es en el desierto que te tienes que lavar con arena, pero nosotros ya llevábamos papel.
A las cuatro de la tarde del mismo día, cogimos los dromedarios y fuimos durante una hora con una parada para ver la puesta del sol, después de esa parada, continuamos hasta nuestro campamento que por suerte no había nadie más y cocinamos. Después de cenar fuimos al desierto para buscar unos dromedarios pero más que nada jugamos en las dunas hasta que fuimos a dormir.
Al día siguiente después de dormir al aire libre en el desierto, nos despertamos pronto para ver el amanecer en lo alto de una duna, desayunamos, cogimos los dromedarios y volvimos. Al volver, nos esperaba la ansiada sorpresa, iba a haber una boda árabe, nos explicaron que se hacía, y la verdad es que prefiero no contarlo. Después de comer, fuimos a la boda donde había comida y música bere-bere.
Después descansamos y nos duchamos y ahora estoy aquí, escribiendo esto mientras acaban de venir unas francesas y los bere-bere les enseñan a bailar.

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